Acabo de terminar de ver una de mis películas favoritas y que marco mi infancia, "Harry Potter y la piedra filosofal", y cada vez que la veo recuerdo que la saga acabo, y con ello se cerró un ciclo en la infancias de toda una generación.
Aunque no se puede hablar de infancia propiamente, conozco a alguien que comenzó a leer Harry Potter a los 28, pero esa es la maravilla de los libros, y en especial de las grandes historias como esta, son atemporales, no tienes que ser un niño para rezar que alguna noche llegue una lechuza con una carta de invitación a la escuela de Hogwarts.
Leí el primer libro de Harry Potter a los diez años, y me encanto, las casas, el quidditch, fue un amor instantáneo por ese mundo mágico.
En mi casa era tanta mi emoción que no podía evitar leer en voz alta, lo que me dejo afónica en muchas ocasiones.
Una de las maravillas de Potter era el poder sentarse a conversar sobre los libros, algo inaudito dado que era extraño ver a tantos niños leer con tanto afán. Me encanto que todos entendiésemos lo sagrado que era no dar spoilers. Toda conversación comenzaba con “¿por dónde vas?”. Si se había llegado a un punto seguro se podía sentar a echar cuentos, si no, se esperaba. Era una camaradería literaria.
Recuerdo que estaba en el carro rumbo a casa cuando leí la profecía, ¿era el elegido Harry o Neville?, ese carro podría haber chocado y yo no me iba sin la respuesta.
Harry Potter me brindo una gran aventura, y lo mismo paso con las películas. Cada cual con la particularidad de escoger personas especiales para verla. Harry no se ve con cualquiera. Ahora presto mis preciados libros a mis sobrinos, y me emociona ver las mismas caras de sorpresa, el mismo fervor, la misma emoción por saber que pasara mas adelante con Harry y sus amigos.
Desearía que las generaciones de ahora tuvieran este tipo de libros o películas, que los haga desarrollar mas su creatividad, que incentiven sus ganas de leer y valorar la lectura. Les hace falta un Harry Potter.
Y a todos nos falta hacer este tipo de ejercicios, saber donde estábamos en momentos en los cuales fuimos felices, aunque a veces es difícil olvidar hechos horribles, vale la pena intentarlo.
La gente suele recordar donde estuvieron en el terremoto. Yo gracias a Merlín puedo recordar donde estaba cuando leía Harry Potter, a fin de cuentas fue una aventura que merece la pena recordar y compartir.


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